Esta es la historia de un «divorcio de película», aunque más bien parece una comedia de enredos donde los protagonistas, Don Camilo y Doña Antonieta, intentaron dar una clase magistral de cómo «desaparecer» bienes ante los ojos de los acreedores.
Resulta que Don Camilo, siendo avalista de una empresa, se vio en la incómoda situación de deberle a un acreedor la módica suma de 119.639,99 euros. Ante tal «imprevisto», ¿qué mejor solución que un divorcio a tiempo? Pero no un divorcio cualquiera, sino uno estratégicamente diseñado para que el 50% de su finca en Gavà pasara mágicamente a manos de su «ex», la Sra. Antonieta, por pura «generosidad» legal.
Sin embargo, el plan tenía fisuras:
- El detective «aguafiestas»: A pesar de que Don Camilo se quejó de que le espiaran, un detective privado demostró que la pareja seguía viviendo bajo el mismo techo y haciendo vida normal. Parece que se les olvidó el pequeño detalle de que, para estar divorciados, generalmente ayuda no compartir el desayuno cada mañana.
- Un secreto muy bien guardado: La actuación fue tan convincente que hasta la propia familia de Don Camilo ignoraba que se hubieran divorciado. Debió ser una sorpresa increíble para los parientes descubrir que lo que ellos veían como un matrimonio feliz era, sobre el papel, una fría separación de bienes.
- Amor en la pista de tenis: El detective los cazó disfrutando de la vida en un club de tenis, demostrando que el «dolor» de la ruptura se lleva mejor con un buen revés de raqueta en lugares públicos.
- Generosidad post-divorcio: Para rizar el rizo de la sospecha, solo seis meses después de la «ruptura», la Sra. Antonieta tuvo el detalle de constituir una hipoteca a favor de su «ex» sobre el que fuera el hogar conyugal. Un movimiento financiero que el tribunal, con poca sensibilidad para el romance, calificó simplemente como parte del fraude.
Al final, el tribunal no se tragó el guion de este «divorcio formal» y decidió que todo fue un «consilium fraudis» o, en lenguaje de calle, un plan compartido para dejar al acreedor con las manos vacías. El tribunal declaró la rescisión de la adjudicación, ordenando que el 50% de la finca volviera al patrimonio de Don Camilo para que sus acreedores pudieran, por fin, intentar cobrar.
Moraleja: si vas a fingir un divorcio para no pagar tus deudas, quizás deberías avisar a tu madre y, sobre todo, no irte a jugar al tenis con tu «ex» donde te pueda ver un detective. Al final, la película termina muy mal para Don Camilo y, además ver embargada su parte de la finca, le toca pagar las costas del juicio por intentar ser demasiado «creativo» con su patrimonio.
