No se admiten como prueba las cartas dirigidas por la menor (próxima a los 13 años) al padre dado que los deseos y la voluntad de la menor no pueden ser obtenidos por medios que atenten contra su intimidad. Por otro lado, las cartas supuestamente manuscritas por la menor presentan ciertas dudas sobre su autenticidad por la distinta letra con la que están escritas, así como la sintaxis que en algunas de ellas no es propia de una menor de la edad. La menor, en la audiencia que se practicó, expresó du deseo de continuar conviviendo con la madre.
Las cartas remitidas por la hija menor al padre no pueden admitirse como prueba
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