■ No es de recibo que la madre deje a la voluntad de una niña de tan corta edad la toma de decisiones sobre su relación con el padre

La cuestión es que una niña de cinco años, que solo está bajo la influencia materna, cambia bruscamente de actitud frente al padre negándose a relacionarse con él y la madre se escuda en que ya no sabe que más hacer y que es la niña quien no quiere ver a su padre. Esta actitud debe ser reconducida por la madre mediante otros recursos a fin de vencer las resistencias de la hija, dado que solo puede ser debida a una influencia negativa de la madre que debe modificar su visión y reconocimiento del padre, máxime cuando las visitas son supervisadas, se desarrollan en un entorno seguro y no ha puesto de manifiesto ninguna incidencia en su desarrollo inicial. No es de recibo que la madre deje a la voluntad de una niña de tan corta edad la toma de decisiones sobre su relación con el padre, estando obligada a fomentar de forma positiva la figura paterna, porque tampoco sería admisible que la niña no fuera al colegio o que la niña no comiera, porque no quiere.

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